ANTES DE CAMBIAR EL MUNDO
Actualizado: 24 sept

En los que miramos alrededor...
y pensamos que el mundo necesita cambiar.
[Vemos injusticias.
Vemos violencia.
Vemos familias divididas.
Personas que no escuchan.
Personas que lastiman.
Personas que exigen respeto...
pero no saben respetar.
Y entonces pensamos:
"Alguien debería hacer algo."
Pero existe una pregunta mucho más difícil.
Una pregunta que no siempre queremos escuchar.
¿Qué pasa...
si antes de intentar cambiar el mundo...
tenemos que empezar por nosotros mismos?
EL PRIMER ESPEJO
Durante mucho tiempo podemos aprender a mirar hacia afuera.
Observamos lo que hacen los demás.
Señalamos sus errores.
Criticamos sus decisiones.
Juzgamos sus palabras.
Nos preguntamos por qué los demás no cambian.
Pero pocas veces nos detenemos frente al espejo...
y hacemos una pregunta diferente:
¿Qué está pasando conmigo?
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué estoy pensando?
¿Qué estoy repitiendo?
¿Qué estoy haciendo...
aunque sé que me hace daño?
¿Qué cosas exijo de los demás...
que todavía no soy capaz de practicar?
Ahí comienza el autoconocimiento.
No en la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Sino en la disposición de descubrir quiénes somos realmente.
MIRARNOS SIN DESTRUIRNOS
Mirarse hacia dentro no significa despreciarse.
No significa pensar que todo lo hacemos mal.
No significa convertir nuestros errores en una sentencia contra nosotros mismos.
Significa observar.
Reconocer.
Comprender.
Y aceptar que existen partes de nuestra vida...
que todavía necesitan ser transformadas.
Tal vez existe un enojo que no hemos aprendido a manejar.
Tal vez existe un miedo que escondemos detrás del control.
Tal vez existe orgullo...
que nos impide pedir perdón.
Tal vez existe una necesidad constante de tener la razón.
Tal vez hablamos de paz...
mientras vivimos una guerra dentro de nosotros.
Y reconocerlo...
no nos hace menos valiosos.
Nos hace responsables.
DEJAR DE PONER TODO AFUERA
Existe una diferencia enorme entre reconocer que otras personas pueden causarnos daño...
y entregarles completamente el control de nuestra vida.
No somos responsables de todo lo que ocurre.
No podemos controlar las decisiones de los demás.
No podemos controlar todas las circunstancias.
No podemos evitar todos los problemas.
Pero sí podemos preguntarnos:
¿Qué parte de esto depende de mí?
Esa pregunta puede cambiar nuestra manera de vivir.
Porque nos mueve de la queja...
hacia la responsabilidad.
Del señalamiento...
hacia la acción.
De:
"¿Por qué los demás no cambian?"
a:
"¿Qué puedo hacer yo con esto?"
LA CONGRUENCIA
Hay algo todavía más difícil.
Practicar lo que decimos.
Podemos hablar de honestidad...
pero mentir cuando nos conviene.
Podemos hablar de respeto...
y utilizar palabras que humillan.
Podemos pedir disciplina...
mientras nosotros mismos abandonamos nuestros compromisos.
Podemos hablar de amor...
y utilizar el control para relacionarnos.
Podemos exigir que otros nos escuchen...
mientras nosotros nunca escuchamos.
La pregunta entonces no es:
¿Qué valores digo tener?
La pregunta es:
¿Qué valores estoy practicando?
porque nuestras palabras pueden explicar quién queremos ser.
Pero nuestras acciones...
muestran quién estamos siendo.
GOBERNARSE A UNO MISMO
MÚSICA: Cambio muy sutil hacia una atmósfera más profunda.
Existe una palabra fundamental para este proceso:
Gobernarse.
Gobernarse no significa controlar a los demás.
No significa reprimir nuestras emociones.
No significa fingir que estamos tranquilos cuando estamos heridos.
Gobernarse significa aprender a dirigir nuestra propia conducta.
Especialmente...
cuando sentimos algo con mucha intensidad.
Sentir enojo no significa que tengamos que insultar.
Sentir miedo no significa que tengamos que controlar.
Sentir orgullo no significa que debamos negarnos a pedir perdón.
Sentir un impulso...
no significa que tengamos que obedecerlo.
Entre lo que sentimos...
y lo que hacemos...
existe un espacio.
Y en ese espacio...
podemos aprender a elegir.
LA PALABRA TAMBIÉN PUEDE HERIR
Hay heridas que no dejan sangre.
Pero dejan memoria.
Una palabra puede quedarse durante años en la mente de una persona.
Una humillación.
Un insulto.
Una amenaza.
Una frase pronunciada en un momento de enojo.
Por eso aprender a gobernar nuestra lengua...
también forma parte del cambio.
No se trata de callar lo que sentimos.
Se trata de aprender a expresarlo sin destruir al otro.
Podemos decir:
"Esto me lastimó."
sin decir:
"Tú eres una basura."
Podemos establecer un límite...
sin convertirlo en una agresión.
Podemos estar en desacuerdo...
sin quitarle dignidad a la persona que tenemos enfrente.
Porque comunicarnos también es una forma de responsabilidad.
EL ORGULLO
Y después aparece uno de los obstáculos más difíciles:
el orgullo.
A veces sabemos que nos equivocamos...
pero preferimos defendernos.
Buscamos explicaciones.
Buscamos culpables.
Recordamos lo que la otra persona hizo.
Y evitamos mirar lo que hicimos nosotros.
Pero decir:
"Me equivoqué."
puede ser más poderoso que ganar una discusión.
Decir:
"Perdóname."
no significa que seamos débiles.
Significa que somos capaces de reconocer nuestra responsabilidad.
Y pedir perdón no significa exigir que la otra persona nos perdone inmediatamente.
Significa reconocer el daño...
y, cuando sea posible...
repararlo.
LA GUERRA INTERIOR
MÚSICA: Dejar un poco más de espacio entre las notas.
Tal vez una de las preguntas más profundas de este viaje sea ésta:
**¿Qué mundo quiero cambiar...
si todavía existe una guerra dentro de mí?**
Podemos hablar de paz...
mientras alimentamos resentimiento.
Podemos hablar de amor...
mientras vivimos desde el miedo.
Podemos hablar de justicia...
mientras aplicamos una regla para nosotros...
y otra para los demás.
Podemos pedir comprensión...
mantras no tenemos paciencia.
Y ahí aparece nuevamente el espejo.
No para condenarnos.
Sino para mostrarnos.
EMPEZAR CONMIGO
Tal vez no podamos cambiar el mundo entero.
Tal vez no podamos cambiar a nuestra familia.
Tal vez no podamos convencer a quien no quiere escuchar.
Tal vez no podamos reparar todas las injusticias.
Pero podemos comenzar con una conducta.
Una palabra.
Una reacción.
Una decisión.
Una disculpa.
Una conversación.
Un límite.
Una acción diferente.
Podemos empezar con nosotros.
Y comenzar con nosotros...
no significa abandonar a los demás.
Significa dejar de exigir un cambio que nosotros mismos no estamos dispuestos a practicar.
REFLEXIÓN PARA EL OYENTE
ahora...
por unos segundos...
no pienses en la persona que debería cambiar.
No pienses en tu pareja.
No pienses en tus hijos.
No pienses en tus padres.
No pienses en tus compañeros.
No pienses en el gobierno.
No pienses en la sociedad.
Piensa solamente en ti.
formar desde hoy?
No mañana.
No cuando cambien los demás.
No cuando las circunstancias sean perfectas.
Hoy.
Cambiar no significa convertirse de repente en una persona perfecta.
Significa aprender.
Observar.
Reconocer.
Corregir.
Intentarlo nuevamente.
Y volver a intentarlo...
cuando volvamos a equivocarnos.
Porque la transformación verdadera no siempre comienza con una gran decisión.
A veces comienza con algo mucho más pequeño:
una pausa antes de responder.
Una palabra que decidimos no decir.
Un perdón que finalmente nos atrevemos a pedir.
Una conducta que dejamos de repetir.
Una verdad que finalmente somos capaces de reconocer.
Quizá cambiar el mundo sea una tarea demasiado grande para una sola persona.
Pero cambiar una respuesta...
sí puede estar en nuestras manos.
Cambiar una conversación...
también.
Cambiar una conducta...
también.
Y quizá...
cuando suficientes personas comienzan a trabajar en aquello que sí pueden transformar...
el mundo que las rodea comienza a ser diferente.
Por eso...
antes de cambiar el mundo.
empieza contigo.






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